Diecisiete años de espera terminaron en apenas veinte minutos. La sala de prensa del Kursaal, abarrotada desde hora y media antes de la cita, fue testigo del retorno de Brad Pitt al Festival de Cine de San Sebastián.
Cero prisas en esta ocasión. Instalado en Donostia desde el pasado domingo, el astro norteamericano revolucionó los alrededores del Hotel María Cristina y la Sección Oficial del Zinemaldia con la presentación de En el corazón de la bestia, un thriller de supervivencia fuera de concurso dirigido por David Ayer.
En la cinta, Pitt encarna a James, un exboina verde que debe sobrevivir en la naturaleza salvaje de Alaska junto a su perro Odín tras sufrir un accidente aéreo. La lucha frente a osos, lobos y temperaturas extremas funciona como espejo de las secuelas psicológicas del combate.
El rodaje exigió adiestramiento de campo con expertos en supervivencia para aprender a subsistir en el bosque con lo mínimo, pero el núcleo emocional de la experiencia se construyó sobre cuatro patas. “Cuando aparecía en el set la energía cambiaba”, recordó el intérprete sobre el can, cuya presencia afianzó un ambiente único entre el equipo.
Esa complicidad en pantalla derivó en una revelación personal poco habitual en las comparecencias de Hollywood. “Mi personaje, James, y Odín, el perro, son duros, han vivido guerras juntos, y hay una conexión especial, hay amor y lealtad. Es importante cuando pienso en los días más oscuros. He sido muy abierto acerca de mi lucha y de lo importante que es rodearte de la gente que te quiere”, se sinceró Pitt ante los acreditados.
Su faceta como productor, respaldada por títulos galardonados como 12 años de esclavitud, La voz de Hind o Mickey 17, ocupó también gran parte del intercambio con los medios junto a la productora Olivia Hamilton.
El actor abordó el impacto del streaming y la crisis del COVID-19 en las salas de cine, subrayando la recuperación paulatina del sector tanto en las superproducciones como en las obras de mediano y pequeño presupuesto. “Deberíamos pasar más tiempo generando vínculos que nos unan, así las barreras se romperían”, afirmó sobre la necesidad de escuchar más en un entorno global cada vez más fragmentado.
La estancia del actor en la capital guipuzcoana confirma la permanencia del magnetismo de las grandes figuras clásicas del cine en un circuito dominado por promociones exprés. “Si nos escucháramos más, el mundo sería un lugar mejor”, concluyó la estrella antes de despejar los micrófonos, dejando al certamen donostiarra con la certeza de que el verdadero espectáculo no siempre ocurre en la pantalla, sino en la capacidad de conectar con el público sin fingir armaduras.
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