Ocho años de prisión para dos jóvenes por la muerte del español Yeray Sánchez en Londres

Retrato del joven Yeray Sánchez Morales junto a una vista aérea de la escena del crimen custodiada por la policía en Londres. Retrato del joven Yeray Sánchez Morales junto a una vista aérea de la escena del crimen custodiada por la policía en Londres.
Yeray Sánchez Morales, de 17 años, falleció tras ser atacado a las puertas de un restaurante en Old Kent Road.

Un puñado de segundos bastó para arruinarlo todo. Nueve puñaladas en el cuello y el pecho apagarían, una semana después en la cama de un hospital, los sueños de un estudiante de 17 años que aspiraba a enseñar Educación Física. Ocurrió frente a la puerta de un local de comida rápida.

Hoy la justicia británica ha cerrado el proceso judicial con la condena a cuatro años de cárcel por homicidio involuntario para Andrés Tapia Londoño y Christhofer Jesús Vásquez, ambos de 18 años.

La noche del miércoles 27 de agosto de 2025, Yeray Sánchez Morales, nacido en Lanzarote y de padres colombianos, charlaba con un amigo a las puertas de un McDonald’s en Old Kent Road, en el distrito sur de Southwark.

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Los hechos

Eran las 22:46. Un grupo numeroso de jóvenes rompió la calma de la acera. Sin provocación ni motivo aparente, la banda se abalanzó sobre los dos adolescentes. A la embestida con armas blancas le siguieron patadas y el impacto de una botella de vidrio. El compañero sobrevivió milagrosamente, incapaz aún hoy de asimilar por qué fueron el blanco de tanta saña.

La Policía Metropolitana desplegó un operativo que terminó con la localización de ocho implicados en distintos inmuebles de la capital británica. El trabajo detectivesco se sustentó en un rastreo meticuloso. Vídeos grabados por los móviles de los testigos, cámaras de seguridad en las calles contiguas y el análisis de prendas de vestir permitieron acorralar a los agresores.

El operativo y los arrestos

Los sospechosos habían dejado además un rastro digital delatador: fotografías en redes sociales exhibiendo cuchillos y manos ensangrentadas, acompañadas de notas de voz cruzadas tras el ataque. El laboratorio forense aportó la prueba definitiva al aislar el perfil genético de uno de los procesados en el cuello roto de la botella empleada durante la agresión.

Junto a Tapia Londoño y Vásquez, quien sumó una pena concurrente de un año por porte de arma blanca, otros cuatro adolescentes de 16 años y un joven de 21, Juan Betancourt Hoyos, recibieron condenas por alteración del orden público con violencia y delitos conexos, eludiendo la acusación directa de asesinato.

“Yeray era solo un adolescente con toda la vida por delante. Su vida fue truncada cruelmente en un acto de violencia que conmocionó profundamente a toda la comunidad”, declaró la sargento detective Debbie Barge, responsable de las pesquisas. “La mayoría de los adolescentes presentes quedaron horrorizados por lo que presenciaron; nos gustaría agradecerles su estrecha colaboración con nosotros para llevar ante la justicia a los responsables”.

En Lanzarote, el golpe devastó a un entorno que recordaba a un joven volcado en ayudar a los recién llegados a adaptarse al entorno escolar británico. Elena Morales, su madre, sintetizó el drama que atraviesa la familia tras acudir a cada una de las sesiones del juicio: “Yeray tenía solo 17 años cuando le arrebataron la vida.

Era un joven sensible, alegre, educado y generoso, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Su muerte ha dejado una herida tan profunda que jamás sanará”. Y concluyó con la devastadora franqueza de quien arrastra una pérdida irreparable: “Como madre, no tengo palabras para describir el dolor que me destroza el alma. Enterrar a mi hijo, ir a los tribunales, enterarme de cómo murió… todo el proceso ha sido terriblemente doloroso. Esta tristeza me quita las ganas de vivir”.

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