El modelo de seguridad de El Salvador desembarca de lleno en el avispero haitiano. La desaparición de cuatro técnicos de aviación salvadoreños tras un cruento ataque armado en las afueras de Puerto Príncipe ha desencadenado una rápida respuesta militar desde San Salvador y un tenso pulso entre el presidente Nayib Bukele y las bandas que controlan la zona.
El incidente ocurrió el pasado 18 de octubre en la agitada región de Plaine du Cul-de-Sac. Los efectivos, integrados en la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) avalada por la ONU, regresaban a su base tras realizar compras en un mercado cuando su vehículo blindado fue emboscado con fusiles de asalto y explosivos. El blindado terminó envuelto en llamas, y aunque los militares lograron salir del habitáculo, el rastreo radiofónico se cortó de forma drástica en mitad del caos.
La opacidad rodea el hallazgo posterior de varios cuerpos calcinados en la zona. El diario The New York Times sugirió que los restos humanos recuperados por una ONG pertenecían a los cuatro desaparecidos, pero Bukele rechazó de pleno esa versión.
El mandatario aseguró en sus redes sociales que entre los cadáveres analizados figuraba un menor de edad, una persona de estatura muy superior y vestimentas junto a documentación militar vinculadas a un efectivo de Chad. Por su parte, la jefatura de la GSF evitó confirmar identidades a la espera de peritajes forenses definitivos.
Lejos de limitar la respuesta a los canales diplomáticos, San Salvador ha desplegado tropas de élite para reforzar las labores de búsqueda en territorio hostil. Informaciones locales sitúan en unos 450 los efectivos salvadoreños sobre el terreno.
Las labores de aproximación por tierra y aire se topan con una encarnizada resistencia. Helicópteros de la misión internacional han sido tiroteados y los pandilleros imponen un férreo control en corredores estratégicos como las carreteras RN3 y RN8, vías clave que conectan la capital con la frontera dominicana.
El órdago de Bukele contra las organizaciones criminales haitianas no ha tardado en tener réplica. «Ya hemos terminado con las pandillas en El Salvador, y podemos terminar con las de ustedes también», advirtió el mandatario.
La respuesta llegó de la mano de Wilson Joseph, alias Lanmò San Jou, cabecilla de la peligrosa banda 400 Mawozo, quien exhibió munición en un vídeo desafiando abiertamente a las fuerzas especiales centroamericanas.
El despliegue salvadoreño pone a prueba los severos límites de la GSF, que opera con apenas 2.000 de los 5.500 efectivos proyectados por la ONU en un país sumido en el vacío de poder tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. Con las elecciones suspendidas sin fecha y las aeronaves militares bajo el fuego de las mafias, la operación de rescate amenaza con desencadenar un enfrentamiento armado de consecuencias impredecibles.
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