Las Islas Malvinas han vuelto a colarse de lleno en los despachos de la alta diplomacia internacional. El recién llegado primer ministro británico, Andy Burnham, confirmó haber abordado la soberanía del archipiélago austral con Donald Trump en Nueva York, en un encuentro bilateral que superó los 30 minutos previstos y servirá para medir la temperatura de la relación transatlántica.
La reunión, celebrada al margen de la Asamblea General de la ONU, marca el debut formal del líder laborista ante el mandatario estadounidense. Trump pareció sepultar las fricciones acumuladas con el anterior gobierno de Keir Starmer por la negativa de Londres a involucrarse en la escalada militar contra Irán.
Sentado frente a los pabellones de ambas naciones, el magnate elogió a Burnham definiéndolo como “un hombre de negocios nato” y aseguró que las relaciones mutuas marchan “mejor que con su anterior primer ministro”.
Bajo esa escenografía de sintonía formal subyace un choque estratégico no resuelto. En agosto, Trump rompió la histórica neutralidad de la Casa Blanca al insinuar en el Despacho Oval que no descartaba revisar la postura de Washington sobre la disputa territorial entre el Reino Unido y la Argentina. Un guiño que encendió todas las alarmas en el Foreign Office británico.
El trasfondo económico presiona la mesa de negociación. La Casa Blanca exige a sus socios europeos de la OTAN elevar el presupuesto de defensa hasta un 5 % del PBI, una cifra que Londres no alcanza en sus proyecciones actuales.
Funcionarios estadounidenses filtraron a la prensa su descontento con la hoja de ruta militar presentada por el gobierno británico, calificando sus avances como insuficientes para las pretensiones de Washington.
A pocos kilómetros de distancia, la delegación argentina mueve sus propias fichas. El presidente Javier Milei desembarcó en Manhattan junto a su canciller Pablo Quirno con un objetivo claro: ratificar los derechos soberanos sobre las islas en el estrado multilateral y reclamar la reapertura de las negociaciones bilaterales congeladas desde 1982.
Aunque la Casa Casa Rosada mantiene prudencia frente a la retórica de Trump y encuadra sus palabras en la presión a los aliados atlánticos, el republicano ha sugerido en círculos privados su disposición a ejercer de mediador si ambas partes lo solicitan.
Un hipotético saludo en Nueva York entre Milei y Trump dentro de la cumbre de seguridad regional “Escudo de las Américas” podría recalibrar el tablero político del Atlántico Sur.
La diplomacia británica intenta amortiguar el impacto del acercamiento. “Tuvo la amabilidad de escucharnos”, admitió Burnham al referirse a la posición de su ejecutivo respecto a las islas y los acuerdos de intercambio mercantil.
“Un paso en la dirección correcta no es suficiente”, replican desde el entorno de la Casa Blanca sobre el presupuesto militar británico, dejando flotar la incógnita de si la soberanía de las Malvinas acabará convertida en moneda de cambio geopolítica.
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