Cali es #SOSColombia

“Esto seguro se va a resolver, pero falta que se ponga peor”. Por Ales Gutiérres.                                                  

Ya no solo es Cali y todos sus rincones, también en otros lugares del Valle del Cauca. Y en Bogotá, Medellín, Magdalena, Cartagena, Manizales, entre otros, en donde se refleja la inquietud de las mayorías. Esto no es nuevo ni por capricho, esto es el resultado de una ecuación en donde la variable máxima es 17 millones de pobres injustificados en un país repleto de recursos, pero al mismo tiempo, que su administración está ocupada por clases políticas viciadas y una clase socioeconómica tan apartada como deshumanizada.

Ayer también llegó a Cali la marcha pacífica del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca), para apoyar el punto más representativo del paro en Cali: “Puerto Resistencia”, un lugar geográfico clave, que define dos clases sociales en la ciudad. Estos indígenas también acarrean el resultado de una suma, la del abandono y al mismo tiempo persecución. Desde el histórico proceso de paz roto por el actual gobierno, cada día se presentan nuevos líderes sociales muertos en lugares apartados del país, a manos de fuerzas oscuras.

Hoy en día en Cali, las confrontaciones contra la Policía, ESMAD y Ejército, quienes tienen orden expresa de recuperar los espacios públicos a como dé lugar, dibujan otra guerra neural en Colombia, contra la población. Diferentes espacios se han venido ocupando desde antes del paro del 5 de mayo, y estos grupos encienden sus luces (incendios) en largas noches de batalla campal.

De pronto irrumpen en los barrios las tanquetas para dar inicio a una melodía épica de gritos y detonaciones. Grupos disciplinares con chaleco antibalas y otras protecciones desfilan por las calles pertrechados con granadas de gases lacrimógenos, pistolas y fusiles. El ex presidente Uribe Vélez, padre político del actual gobierno, en sus redes sociales “da derecho a policías y soldados de utilizar sus armas”. Pero qué se podía esperar por parte de alguien que siendo Gobernador de Antioquia encendió la última lacra de la violencia en Colombia: los paramilitares.

Mientras que la comandancia de la policía de Cali declara en rueda de prensa que ellos no tienen autorización de disparar, el presidente Duque emite comunicados diciendo que se está protegiendo a la población civil… mientras tanto, cientos de imágenes en redes sociales muestran todo lo contrario. En la periferia también se presentaban los primeros asesinatos a domicilio. 

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Pero ¿Quiénes son esos asesinos?

Empecemos hablando del general Enrique Zapateiro Altamiranda, quien prometió al Presidente Duque que arreglaría la situación a como diera lugar. Ayer, seguía desembarcando personal militar en el aeropuerto de Cali.

Familias adineradas, políticos y medios de comunicación tradicionales, dibujan el Paro Nacional tan solo como una turba de facinerosos saqueadores. En el sur de la ciudad, un pequeño grupo de personas de un barrio de clase alta llamado Ciudad Jardín, parquearon sus camionetas de lujo y se presentaron frente a la calle quinta para reclamar sus derechos a los manifestantes, dado que se estaban interrumpiendo sus costumbres cotidianas.

Sin embargo, después de los muertos y heridos, y de tantos días de policías avasallados por la multitud y poco respaldados por sus comandantes, ha quedado tiempo para ver a los seres humanos detrás de los rudos trajes del ESMAD, y a algunos de sus integrantes llorando y afirmando que amaron ser policías hasta hoy, que no se imaginaron estar disparando a la población y echando por la borda un futuro en familia.

Los peores asesinos suelen estar al margen, y son los más certeros, porque no persiguen un sueldo, como los soldados y policías, sino que están obnubilados por el poder; son los verdaderos “asesinos intelectuales”, aunque en este caso de intelectuales bastante menos.

Hace 50 años se creó una guerrilla marxista-leninista que defendía territorio rural. 35 años después, siendo presidente Álvaro Uribe Vélez, le declara la guerra a la guerrilla colombiana, como venganza por la muerte de su padre. Como los organismos internacionales empezaron a intervenir en esta guerra interna y el ejército se vio de manos atadas, entonces Uribe Vélez autorizó a los hacendados para que se armaran, y fue esta la génesis de todo un ejército al margen de la ley que terminó permeando organismos del estado hasta la fecha, como por ejemplo la fiscalía.

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Así, antes del 2012 se dio en Colombia una de las más sangrientas guerras internas con miles de muertos en la ciudad y sobre todo en el campo. Lo que está sucediendo hoy en día no es nada, ni mucho menos efectos del vandalismo, como dicen algunos. Hoy por hoy se presenta en las calles el producido de la acumulación, el cansancio de la pobreza extrema, los resultados de un país de castas, de a-políticos que en su desgobierno y con el apoyo de los medios de comunicación masivos, intentan dominar al pueblo, mas, un poco más cada vez, aunque no tengan ni donde caerse muertos.           

Hoy Colombia parece que arde en el lugar equivocado: Cali. La Sultana del Valle, la capital de la salsa, está en el ojo del huracán. Y seguramente la situación se ponga más candente y las manifestaciones se acrecienten en la capital, el lugar más neurálgico para esta discutida dialéctica. La no cobertura de las necesidades básicas, la destrucción del mobiliario público, la falta de movilidad, otras organizaciones sumadas y el interés internacional, modelan los próximos días de la protesta con la reforma tributaria como “Florero de Llorente”.

Los mismos seguidores de Uribe Vélez, subieron a Duque al poder y este se encontró con el contraste final, el resultado de la ecuación. En entrevista que le hacían a Gustavo Petro, este le envía un comunicado a Iván Duque: “Presidente Duque, sálvese de Uribe” Lo que no sabemos es si esta propuesta apacigüe sus ganas de poder o le alienten a tomar las peores determinaciones.

Las familias pudientes de Colombia ahora no pueden moverse de sus casas, no tienen helicópteros para salir volando, mientras tanto tienen que seguir tomando “tinto” por la mañana, como colombianos, pero desconociendo a su cultura, como ya lo vienen haciendo hace tiempo. Y eso no es lo peor, lo grave es que estén dejando pasar la oportunidad de hacer de Colombia una potencia mundial, solo siendo un poco más inteligentes.

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