El Día de la Independencia de Colombia se celebró con toda la fuerza en Londres

Bailarinas con trajes típicos amarillos y blancos celebrando el Día de la Independencia de Colombia en Hammersmith, Londres. Bailarinas con trajes típicos amarillos y blancos celebrando el Día de la Independencia de Colombia en Hammersmith, Londres.
Las expresiones artísticas y los bailes tradicionales fueron el centro de la jornada festiva en Londres.

Hammersmith se vistió de amarillo, azul y rojo para acoger una jornada inolvidable donde el folclor, la gastronomía y el orgullo patrio hicieron vibrar a la comunidad colombiana y a todos los que se sumaron a la fiesta.

Aunque el calendario marque el 20 de julio, la comunidad colombiana en el Reino Unido eligió el sábado 18 para celebrar su independencia. Semanas después, el eco de la tambora y el sabor de las arepas aún resuenan en la memoria de quienes convirtieron Hammersmith en un pedazo de Colombia en el corazón de Londres.

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El rugido de la tambora, el aroma del café recién hecho o un jugo tropical y el inconfundible sabor de una empanada o patacón caliente inundaron el sábado 18 de julio el barrio de Hammersmith, donde cientos de colombianos y amantes de la cultura del país sudamericano se reunieron para celebrar el 216 aniversario del grito de independencia.

La jornada, organizada por la Fundación Catufa, transformó el espacio en un escaparate de la riqueza cultural colombiana. Desde el mediodía hasta el anochecer, grandes y pequeños disfrutaron de un programa diseñado para mantener viva la memoria histórica y fortalecer la identidad nacional a través del arte y la tradición.

Música y danza: el alma de la fiesta

El escenario principal fue el corazón del evento. Agrupaciones folclóricas como Mia de León y Mestizo, Juan Pachanga, Colombia Dance El Encanto, Los Rumberos, Catufa, Chloe Espin & Jayayay, Vive Colombia, Tobas del Rosario, Ferchito López y Recuerdos Latinos hicieron vibrar a los asistentes con ritmos que son patrimonio de los latinoamericanos: la cumbia, el bambuco y el vallenato. Cada presentación fue un viaje a las regiones del país, desde la Costa Caribe hasta el interior andino.

El Coro Latinoamericano, con su repertorio de canciones tradicionales, puso la nota emotiva y recordó a los presentes el valor de la unidad en la diáspora. Las actuaciones de Tati Tambo y Sofía Ortiz aportaron frescura y contemporaneidad, demostrando que el folclor colombiano evoluciona sin perder sus raíces.

“Ver a mi hija bailar cumbia aquí, en Londres, es algo que no tiene precio. Ella nació en este país, pero su corazón es colombiano”, comentó emocionada una de las asistentes al evento.

Un mercado de sabores y tradiciones

Paralelo a las presentaciones artísticas, los emprendedores colombianos instalaron sus puestos ofreciendo también una muestra de la gastronomía, servicios y productos del país.

Las arepas, empanadas, jugos, cholaos, carimañolas, arroz con coco, chorizos y patacones, entre otros, fueron los grandes protagonistas de la oferta culinaria.

La plaza de Hammersmith no solo fue un espacio de consumo, sino un punto de encuentro donde las familias compartían historias, recuerdos y la calidez que caracteriza al colombiano. “Esto es mucho más que una feria. Es un pedazo de nuestra tierra en el extranjero. Aquí nos sentimos en casa”, expresó otro de los asistentes mientras degustaba una arepa con hogao.

Una celebración con significado

Más allá de la fiesta, el evento tuvo un profundo significado para los asistentes. En un país lejano, donde el 20 de julio pasa desapercibido para la mayoría, los colombianos se apropiaron del espacio para recordar el significado de la libertad conseguida en 1810 y para educar a sus hijos sobre la historia de su país.

“Mis hijos nacieron aquí, pero es importante que sepan que su familia viene de un país que luchó por su independencia. Esta celebración es una forma de enseñarles quiénes somos”, comentó uno de los padres asistentes.

Al caer la tarde, con el ritmo del vallenato aún resonando en el ambiente y el aroma de los sabores colombianos flotando en el aire, los asistentes se despidieron con la promesa de volver a encontrarse el próximo año. Porque, como muchos dicen, “Colombia no es un lugar, es un sentimiento”, y en Hammersmith, ese sentimiento se vivió con toda la intensidad.

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