Un nuevo episodio de ruptura sacude los cimientos de la Iglesia Católica. Este miércoles, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), conocida popularmente como los “lefebvrianos”, ha consumado un cisma al ordenar a cuatro nuevos obispos sin la autorización del Papa. El acto, celebrado en una explanada al aire libre en Écône, Suiza, ante unos 16.000 fieles, sitúa automáticamente a sus miembros en una situación de excomunión latae sententiae.
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La ceremonia, marcada por el rigor tradicionalista, ha desafiado directamente las advertencias emitidas por el Vaticano apenas 24 horas antes. Aunque la Santa Sede aún no ha emitido un comunicado oficial detallando las sanciones, la normativa canónica es clara: la ordenación episcopal sin mandato pontificio conlleva la ruptura inmediata de la comunión con Roma.
Un conflicto histórico con raíces en 1988
Este grupo, que reivindica la liturgia en latín y el rito anterior al Concilio Vaticano II, mantiene una relación tensa con la jerarquía católica desde hace décadas. El antecedente más grave ocurrió en 1988, cuando el arzobispo Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos, lo que provocó su excomunión bajo el pontificado de Juan Pablo II.
En 2009, en un intento por sanar la brecha, Benedicto XVI levantó las excomuniones, una medida que estuvo rodeada de polémica debido a las posturas negacionistas de algunos miembros de la Fraternidad. Aquella tentativa de reconciliación fracasó, y hoy, la necesidad de garantizar la sucesión episcopal ante el envejecimiento de sus líderes ha precipitado esta nueva ruptura. El obispo Alfonso de Galarreta, uno de los consagrados en 1988, fue quien ofició la ceremonia de esta mañana.
Ideología y rechazo al Concilio Vaticano II
Los seguidores de Lefebvre sostienen que las reformas iniciadas en el Concilio Vaticano II (1962-1965) supusieron una “traición a la esencia de la fe”. Para este sector ultraconservador, cambios como la misa en lengua vernácula, el diálogo interreligioso y una mayor participación de los laicos son inaceptables.
El cardenal alemán Gerhard Müller, ex prefecto de la Doctrina de la Fe, ha sido tajante al valorar la postura de la FSSPX. “Están obsesionados con su propia ideología. No puede ser que un grupo de católicos se defina como la única presencia de la verdad frente a los papas y los concilios”, declaró recientemente, sugiriendo que, irónicamente, su actitud integrista les aleja más de la unidad que a los propios grupos protestantes.
La defensa de la Fraternidad
Davide Pagliarani, superior general de la FSSPX, envió una carta al Pontífice horas antes del evento, instándole a reconsiderar su postura. Según Pagliarani, la Fraternidad no busca separarse de la Iglesia, sino “servirla como una madre necesitada”.
Durante la homilía, el tono fue más desafiante. Se leyó un discurso en el que se afirmó que “cualquier castigo o censura contra este acto carece de valor”. Los lefebvrianos justifican su decisión como un “deber moral” para salvar la tradición ante lo que ellos consideran un magisterio desviado de la verdad.
El alcance actual de la FSSPX
Con presencia en 70 países, el movimiento cuenta con cerca de 733 sacerdotes y cientos de seminaristas. Si bien han permanecido en los márgenes de la Iglesia durante décadas, la creciente polarización interna y el auge de sectores que cuestionan el rumbo del Papa Francisco han otorgado a este grupo una nueva visibilidad.
La ruptura de este miércoles confirma la fractura entre los sectores más integristas y la línea pastoral del Pontífice. Mientras que para la Fraternidad el día de hoy ha sido una “fiesta” y un “acontecimiento histórico”, para el Vaticano, el suceso marca un retroceso significativo en los esfuerzos de diálogo y unidad dentro de la cristiandad.
Tras la misa, una tormenta intensa cayó sobre el descampado de Écône, un final cargado de simbolismo para un día que quedará escrito en la crónica negra de la historia eclesiástica reciente.







