El cerebro tiene dos cualidades particulares. Es infinitamente creativo y puede ayudarnos a realizar lo inimaginable y lo incalculable, pero por otro lado, también se activa en función de las necesidades básicas, es decir, es compulsivo.
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Al cerebro no puede considerársele por naturaleza reflexivo, eso es solo desde nuestra actitud. Por eso es necesario no perder de vista la neurociencia y el impacto que recibimos desde las conexiones neuronales hacia nuestro cuerpo. Vivimos una especie de vidas de 24 horas, en donde cada día tenemos un semblante distinto. Todo nuestro cuerpo se activa en función de la bioquímica del cerebro y tras la producción de neurotransmisores, mucha información discurre por nuestro sistema endocrino (nuestros órganos principales), determinando cómo estaremos, cómo nos sentimos.
Muchas veces tenemos la piel reseca, el pelo descuidado, o simplemente no hay ánimos para nada, o algo nos duele. Pero otros días, por el contrario, estamos con el ánimo arriba, nos brilla la mirada, bailamos, sentimos amor por los demás, nos vemos y nos sentimos saludables y completos.
¿Pero, qué pasa cuando estos altibajos se salen de nuestro control y permitimos que afecten nuestras relaciones, se rompan nuestros proyectos? ¿Qué pasa cuando nos visita la depresión? ¿Qué pasa cuando nos permitimos enfermar porque dejamos trascender el estrés en nuestro organismo? Si pudiéramos ser conscientes de estas situaciones y mirar desde fuera de la caja, recordar que solo un momento después nuestra química cerebral va a cambiar y simplemente se va a irrigar nueva energía a nuestro cuerpo… entonces, podríamos salir antes de las dificultades emocionales que suelen conducirnos a estados de malestar y enfermedad.
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Y dos preguntas más: ¿Qué tanto necesitamos de los demás? ¿Qué tan bien construidos estamos?
Ales Gutierres
