Esta semana, si el calor no resulta tan agobiante como a fines de julio, les voy a recomendar un paseo por dos sitios muy cercanos entre sí, ubicados en el noroeste de la ciudad, en el que podrán disfrutar de exquisitas imágenes, pero también -y quizás sobre todo eso- conocer algo del pasado de la ciudad y sus protagonistas. El primero de ellos es el palacio llamado Kenwood House.
Se trata de un palacio de estilo neoclásico, de arquitectura completamente blanca, que luce como una escultura marmórea en medio de un parque bellísimo que incluye un lago y una de las mejores vistas del horizonte de la capital británica.
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Está en el barrio de Hampstead, y fue construido en el siglo XVII, como propiedad del primer Conde de Mansfield, quien encargó al arquitecto Robert Adam una reforma que se realizó entre 1764 y 1779, que consistió en la construcción de un edificio que alberga un invernadero de plantas exóticas y un pabellón para biblioteca, y agregó un pórtico de columnas jónicas a la fachada, tal como se lo puede apreciar actualmente.
Parte del parque que rodea al edificio está protegido por una legislación especial para evitar que se construya, lo cual ha dotado al palacio de un entorno maravilloso que se puede visitar y disfrutar públicamente. En la historia del edificio, es imprescindible destacar al más importante de sus propietarios, Lord Iveagh, quien lo adquirió en 1925 y trasladó allí su valiosa colección de pintura, que incluye cuadros de Rembrandt y Vermeer, y que consiste hoy en día en la principal atracción del mismo.
El nombre de origen de este noble no es otro que Edward Guinness, miembro de la saga Guinness de fabricantes de cerveza irlandesa. La colección incluye obras de Van Dyck, Angelica Kauffmann, François Boucher y autores británicos como Joshua Reynolds, Thomas Lawrence, George Romney, Joseph Wright of Derby y Thomas Gainsborough.
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Pero además de las pinturas, hay que destacar la riqueza arquitectónica del edificio en sí mismo, el decorado interior, y otras atracciones como la biblioteca y una importante colección de instrumentos musicales. Durante más de medio siglo la English Heritage, que hoy administra el parque, organizó conciertos famosos alrededor del lago, con lo cual se posibilitaba el mantenimiento de las instalaciones, que asciende a alrededor de un millón de libras anuales, pero actualmente -por imposición del vecindario- los conciertos han sido reducidos a una zona marginal.
También como curiosidad, vale la pena señalar que allí se filmaron algunas escenas de la famosa película “Nothing Hill”. Para llegar, las paradas de metro más cercanas son Hampstead, Hampstead Heath y Gospel Oak del Overground, aunque hay que caminar un poco hasta el sitio. También llegan muy cerca los autobuses 201 y 603.
Enrique Zattara
