En la cuna diplomática de Metz, el Pontífice estadounidense clausura su quinto viaje apostólico atacando el plan militar multimillonario de la Unión Europea, denunciando la degradación de las relaciones internacionales y exigiendo vías legales para la migración.
Metz fue un escenario cargado de memoria. Desde la ciudad donde Robert Schuman sentó las bases de la concordia europea tras la devastación bélica, el papa León XIV lanzó este lunes una embestida frontal contra el rumbo geopolítico del continente. La guerra es “una masacre inútil”.
Sin paños calientes. El Pontífice estadounidense clausuró su quinto viaje apostólico cargando duramente contra lo que calificó de “ilusión del rearme”, un dardo directo a la estrategia defensiva trazada por la Unión Europea ante la amenaza rusa.
Pocos mandatarios escucharon sus palabras en persona. La mayoría de los gobernantes del Viejo Continente ausentó su representación en un hemiciclo donde retumbó una advertencia severa: las relaciones entre Estados se han vuelto “cada vez más bárbaras” porque los líderes políticos han decidido privilegiar la mentira y el engaño sobre la palabra empeñada.
El mensaje papal desarticular de pleno las tesis de Bruselas. Frente al plan estratégico ReArm Europe/Readiness 2030, concebido para movilizar más de 800.000 millones de euros e impulsar préstamos defensivos bajo el instrumento SAFE por valor de 150.000 millones, León XIV contrapuso la urgencia de desplegar “esfuerzos creativos”. Y fue más allá. Pidió a las potencias continentales estar dispuestas a “sacrificar ciertas posiciones en favor de un bien superior”.
León XIV arremetió contra la estrategia bélica europea recordando que la estabilidad continental nació del diálogo y la paciencia de los padres fundadores.
El legado de Schuman frente a la paranoia de las armas
La elección de Metz para este pronunciamiento no obedeció al azar. La urbe gala guarda un vínculo umbilical con Robert Schuman, el histórico ministro francés galardonado con el título de Venerable por la Iglesia en 2021, cuyo plan de 1950 integró las industrias del carbón y del acero para volver imposible la guerra entre Francia y Alemania.
Frente a los dieciocho Estados miembros que han activado la cláusula de escape nacional para elevar su gasto en defensa hasta el 1,5% del PIB, entre ellos Francia, Alemania, España o Polonia, León XIV reivindicó el método tradicional de integración: la política de los pequeños pasos, la negociación constante y la paciencia diplomática.
En su alocución, el Pontífice también abordó la identidad europea. Reconoció las raíces grecorromanas y cristianas de la región, así como la huella monástica en su entramado cultural, pero vetó tajantemente el uso identitario de la fe. Las raíces religiosas, enfatizó, jamás deben transformarse en murallas frente a quien piensa distinto.
Horas antes, el obispo de Roma había encabezado un encuentro interreligioso con líderes judíos, musulmanes, protestantes, ortodoxos y budistas. Allí urgió a los dignatarios fehacientes a “desarmar los corazones y las palabras”, subrayando que ningún dogma puede esgrimirse para justificar la opresión o el uso de la fuerza.
LA CIFRA DESTACADA: 800.000 M€ Es el volumen movilizado por la UE en su plan de rearme militar que el Papa criticó abiertamente en suelo francés.
Cita con Macron y rueda de prensa en el aire
El fenómeno migratorio y el invierno demográfico completaron el diagnóstico papal. León XIV reclamó pasajes legales y seguros para los migrantes, demandando políticas de acogida e integración que pongan la dignidad individual por encima de las cuotas políticas. A los jóvenes europeos, acuciados por el desencanto hacia las instituciones, les encomendó tomar las riendas de la vida pública para reconstruir la cohesión social.
El protocolo oficial cerró el viaje en el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena. El presidente Emmanuel Macron y su esposa Brigitte recibieron al Papa a pie de pista. Tras ponderar ante las cámaras la arquitectura de la catedral gótica local, ambos líderes mantuvieron un encuentro privado no programado de unos 30 minutos en las instalaciones aeroportuarias, retrasando el plan de vuelo previsto.
La ceremonia de despedida concluyó a las 19:33 horas, momento en que el Airbus A321 de Air France despegó rumbo a Roma con 80 periodistas a bordo. Durante el trayecto de 1.075 kilómetros hacia el aeropuerto Leonardo da Vinci-Fiumicino, el Papa ofreció su tradicional rueda de prensa aérea antes de trasladarse de forma excepcional al Palacio Apostólico del Vaticano.
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