Un peligroso depredador sexual que asesinó a dos mujeres, entre ellas la ciudadana colombiana Carmenza Valencia-Trujillo, y dejó a una tercera al borde de la muerte mientras se encontraba en libertad bajo fianza fue condenado a pasar el resto de su vida en prisión.
El caso ha provocado una profunda conmoción social y ha obligado a las autoridades británicas a admitir graves fallos estructurales en los mecanismos de seguridad y justicia penal.
Simon Levy, de 40 años, asfixió a la colombiana Carmenza Valencia-Trujillo, de 53 años, en marzo de 2025. Meses después, en agosto de ese mismo año, cometió su segundo asesinato al acabar con la vida de Sheryl Wilkins, madre de cuatro hijos, un día antes de que esta cumpliera 40 años.
Ambos crímenes se consumaron tras una escalada de agresiones sexuales y mientras el asesino eludía el cumplimiento efectivo de sus penas previas gracias a múltiples omisiones institucionales.
Una cronología marcada por negligencias y oportunidades perdidas
El historial delictivo de Levy no era desconocido para la justicia. En 2021 ya había sido encarcelado por manosear a dos mujeres, y en 2022, estando entre rejas, agredió sexualmente a una guardia de prisión. A pesar de la gravedad de sus actos, fue liberado al año siguiente.
Con posterioridad, en octubre de 2023, atacó a otra usuaria en el metro y, en mayo de 2024, presuntamente violó a otra víctima, lo que motivó su reingreso temporal a prisión antes de recuperar nuevamente la calle en agosto de ese mismo año.
Nuevos arrestos se sucedieron a finales de 2024 por ataques en el transporte público, pero los retrasos administrativos, como la demora en la organización de ruedas de reconocimiento, le otorgaron el margen necesario para perpetrar una violación y su primer asesinato sin oposición policial.
Además, las autoridades pasaron por alto que la tarjeta de transporte que utilizaba pertenecía a un conductor de autobús robado, facilitándole los desplazamientos el día que acabó con la vida de Valencia-Trujillo.
A pesar de la gravedad de los indicios, la Fiscalía admitió que no se opuso a su libertad bajo fianza en las audiencias celebradas en mayo y junio de 2025, y que omitió información clave ante los tribunales.
En las semanas posteriores, y mientras era teóricamente vigilado por los servicios de libertad condicional, Levy mintió reiteradamente a los agentes sobre sus actividades cotidianas, logrando evadir un control efectivo hasta cometer el segundo asesinato.
Indignación familiar y autocrítica institucional
Durante la vista para la sentencia en el tribunal de Old Bailey, el juez Mark Lucraft KC destacó el perturbador perfil del condenado: «Es evidente que usted es una persona que explota despiadadamente a otros para su propia satisfacción sexual personal», señaló, subrayando su morbosa fascinación por la violencia y el crimen.
Los familiares de las víctimas expresaron un dolor desgarrador. Lindsey Hicks, hermana de Sheryl Wilkins, afirmó con firmeza ante el tribunal: «Espero que te pudras en la cárcel por el resto de tu vida. Has destruido nuestras vidas y nunca lo superaremos». Por su parte, la madre de la víctima consoló su pérdida señalando que el sacrificio final de su hija impidió que el agresor continuara destruyendo a más familias.
Ante la magnitud del escándalo, la Policía Metropolitana, la Policía de Transporte Británica y la Fiscalía de la Corona reconocieron un fallo colectivo del sistema. El subcomisario adjunto Kevin Southworth admitió que las oportunidades perdidas expusieron a la ciudadanía a un riesgo inaceptable. En la misma línea, la comisionada para las víctimas, Claire Waxman, calificó el caso como «uno de los ejemplos más impactantes de fallos sistémicos de los últimos años», advirtiendo sobre la enorme presión que atraviesa el sistema de justicia penal actual.
Con esta sentencia definitiva, se cierra el camino en libertad de uno de los criminales más escurridizos de los últimos tiempos, mientras el Gobierno y las fuerzas de seguridad evalúan medidas estrictas, como la prisión preventiva automática para reincidentes, para evitar que una tragedia semejante vuelva a repetirse.







