El primer ministro británico, Andy Burnham, ha reabierto el debate sobre la relación con Bruselas al negarse a descartar que el Partido Laborista incluya en su próximo programa electoral la promesa de reincorporarse a la Unión Europea. La postura rompe de forma clara con la línea de su predecesor, Sir Keir Starmer, quien prometió “hacer que el Brexit funcione” y vetó cualquier retorno al Mercado Único o a la unión aduanera.
A bordo del avión que lo trasladaba a Nueva York para su primera Asamblea General de las Naciones Unidas como primer ministro, Burnham eludió tajantemente las preguntas sobre si el laborismo fijará en las urnas el regreso al bloque comunitario. “Los demás temas que usted comenta… esos los dejaremos para otro día”, respondió el líder británico, remitiendo la cuestión de un posible compromiso electoral a “otro momento”.
El volantazo retórico se respalda en la línea adoptada por su propio equipo de gobierno. Su ministro para Europa, Hamish Falconer, también se ha negado en repetidas ocasiones a descartar dicha propuesta del próximo manifiesto electoral.
Aunque Burnham había matizado en el pasado su deseo personal de ver a Gran Bretaña de vuelta en la UE “durante mi vida”, respetando el referéndum de 2016, sus vacilaciones actuales reactivan una de las fracturas políticas más complejas del país.
Por ahora, la hoja de ruta oficial busca estabilizar los vínculos comerciales sin firmar reingresos inmediatos. “Mi prioridad inmediata es dar continuidad al buen trabajo que hizo Keir reconstruyendo puentes”, afirmó el mandatario, señalando como punto clave una cumbre bilateral entre el Reino Unido y la UE a finales de este año. La meta declarada pasa por “alcanzar un acuerdo práctico que impulse aún más la economía británica”.
El acercamiento no carece de roces normativos. En Nueva York, durante una reunión programada con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Burnham prevé trasladarle su inquietud por el impacto que la iniciativa proteccionista “Hecho en Europa” podría causar a la industria y las cadenas de suministro británicas.
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En paralelo, el primer ministro se entrevista con su homólogo irlandés, a cargo de la presidencia rotatoria del Consejo, buscando afianzar la interlocución sin precipitar formalmente el fin del marco posterior a 2016.
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Frente al auditorio internacional de la ONU, el político británico encuadrará las convulsiones internas dentro de una corriente geopolítica más amplia. “Debemos ser más claros sobre dónde fuerzas externas, nuestros enemigos, están tratando de manipular esa opinión para servir a sus intereses”, advertirá en la tribuna.
Las dudas aumentan entre la clase política de Londres: si los compromisos de campaña terminan incluyendo la reincorporación al club comunitario, las elecciones generales se convertirán de nuevo en un plebiscito definitivo sobre Europa.
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