Andy Burnham frena los recortes al bienestar social para inflar el gasto militar

El político británico Andy Burnham hablando en un estrado con traje oscuro y gafas, gesticulando con ambas manos. El político británico Andy Burnham hablando en un estrado con traje oscuro y gafas, gesticulando con ambas manos.
Andy Burnham fija su postura frente al debate presupuestario entre el gasto militar y las coberturas del sistema social.

La batalla por las prioridades financieras del Reino Unido ya tiene una nueva línea de fuego. Andy Burnham ha dejado clara su postura en un momento de máxima tensión presupuestaria.

No habrá tijeretazos a las ayudas sociales para rearmar al país. El mensaje es tajante. Frente a la creciente presión para acelerar el gasto en las Fuerzas Armadas, el dirigente político laborista contrapone la necesidad de proteger a las familias más vulnerables del impacto económico.

El choque llega en pleno debate interno dentro del Partido Laborista sobre los compromisos militares británicos. La formación política se ha negado de forma reiterada a fijar un objetivo inmediato del 3% del Producto Interior Bruto (PIB) para defensa antes de que termine la década.

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En su lugar, el plan gubernamental mantiene como horizonte un incremento más paulatino. El compromiso oficial apunta a cumplir la meta a largo plazo fijada con la OTAN: elevar el presupuesto básico de defensa hasta el 3,5% del PIB para el año 2035.

Las cifras fiscales explican la magnitud del dilema presupuestario en las arcas británicas. Según las proyecciones más recientes elaboradas por la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), la partida destinada al sistema de prestaciones sociales experimentará una escalada exponencial en los próximos años. El gasto pasará de los 333.000 millones de libras actuales a rozar la cifra de 407.000 millones de libras para el ejercicio fiscal 2030/31.

Ante semejante abismo de gasto público, diversos sectores reclaman recortes drásticos en la asistencia social para cubrir el agujero presupuestario y financiar la modernización militar. Burnham rechaza ese camino.

La receta del ajuste social no cuenta con su aval. A su juicio, meter la tijera en los subsidios básicos de subsistencia generaría un coste social inasumible para la cohesión del país.

El político británico ha alertado de las consecuencias directas de aplicar ajustes drásticos sobre las partidas destinadas a los colectivos con menores ingresos. “Personalmente, no creo que recortar 4.000 millones de libras de las ayudas a la vivienda vaya a generar el consenso adecuado en torno a este tema, porque eso crearía niveles de personas sin hogar en este país que no habíamos visto antes: cientos de miles de niños en alojamientos temporales”, afirmó Burnham de forma tajante.

La contundencia de sus palabras sitúa el foco en el drama habitacional que padece buena parte de la población británica. Reducir las ayudas financieras al alquiler abocaría a miles de familias vulnerables al desahucio inmediato y desbordaría la capacidad asistencial de los ayuntamientos. La factura social superaría con creces cualquier ahorro presupuestario a corto plazo.

El pulso político permanece abierto mientras las cuentas del Estado buscan un equilibrio casi imposible entre la disuasión geopolítica exterior y la estabilidad interna. La incógnita sobre qué partidas terminarán cediendo para cuadrar el balance de tesorería marcará la agenda política en Westminster durante los próximos meses.

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