Los subsidios Obamacare vuelven al centro del debate político en Estados Unidos tras el llamado del presidente Donald J. Trump al Congreso para aprobar el denominado Gran Plan de Salud, una propuesta que busca reducir el costo de los medicamentos, bajar las primas de los seguros médicos y reforzar la transparencia de precios en el sistema sanitario.
En estos días, el presidente Donald J. Trump ha pedido al Congreso que promulgue el Gran Plan de Salud, un plan integral para reducir los precios de los medicamentos, reducir las primas de seguro, responsabilizar a las grandes compañías de seguros y maximizar la transparencia de precios. Con la idea de cumplir las promesas de reducir el coste de la atención sanitaria, el presidente Trump ha asegurado reducir los costes sanitarios para TODOS los estadounidenses y The Great Healthcare Plan se basará en acciones críticas ya tomadas en su segundo mandato para ayudar a los estadounidenses a permitirse una atención sanitaria de alta calidad.
Subsidios Obamacare y su impacto en millones de familias
Hace unos meses, la Casa Blanca anunciaba una iniciativa que extendería los subsidios para ayudar a los estadounidenses a pagar su seguro médico, bajo la Ley conocida como ObamaCare, por dos años más. El Gran Plan de Salud exige que cualquier proveedor o aseguradora sanitaria que acepte Medicare o Medicaid publique sus precios y tarifas en su establecimiento y se asegure que las compañías de seguros cumplan con los requisitos de transparencia de precios.
En una entrevista concedida a esta corresponsal por Tony Feijoó, CEO de New Health Partners, en la sede de sus oficinas centrales en Miami, este experto en salud instaba recientemente, a que los ciudadanos hicieran un llamamiento a sus representantes en el Congreso para exigir que los subsidios de la Ley ACA (Affordable Care Act) se mantuvieran y se ajustaran a la nueva coyuntura. “A pesar de la complejidad política, se debe enfatizar el valor humano y las vidas salvadas, un factor que a menudo se pierde en los debates puramente financieros sobre el gasto y el abuso del sistema”. Los subsidios son cruciales para la asequibilidad del seguro. Está claro que, si los subsidios hubieran expirado, se habrían incremento los seguros de salud de forma extraordinaria, resultando ser difíciles de abonar para el ciudadano.
La ampliación de subsidios tras la pandemia
En los EEUU, -explica Tony Feijoó a esta corresponsal-, si el paciente es de bajos ingresos, el programa Medicare le permite la recepción de servicios sociales gratuitos y los jubilados tienen coberturas opcionales. Los subsidios extendidos durante la pandemia de COVID ampliaron la elegibilidad de ingresos del 400% al 600% del nivel de pobreza, permitiendo que 3.6 millones de personas adicionales compraran un seguro. Si estos subsidios no se hubieran extendido, Tony Feijoó estima que entre 4 y 5 millones de personas no habrían podido pagar su plan de seguro, a partir del 1 de enero.

Recordamos a los lectores que la Ley ObamaCare busca proporcionar cobertura médica a más de 30 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico. Esto se logra a través de subsidios, la expansión del Medicaid y el que el ciudadano sepa que la mayoría de los adultos han de mantener su seguro de salud.
Subsidios Obamacare: la brecha de cobertura y el papel de Medicaid
El sistema de salud de EE. UU. depende en gran medida de los subsidios de Obamacare para garantizar la asequibilidad y su eliminación hubiera dejado a millones de personas sin seguro. Aunque el sistema estadounidense es principalmente privado y basado en el empleo, con programas públicos exitosos como Medicare y Medicaid, sus altos costos se deben más a problemas de salud pública que al modelo en sí. La solución ideal propuesta implica garantizar el acceso universal a través de contribuciones más justas sobre los ingresos y mantener un sistema de seguro privado, al tiempo que se insta a la acción ciudadana para proteger los subsidios actuales y priorizar el valor humano sobre las consideraciones puramente financieras.
Los subsidios Obamacare funcionan como un crédito fiscal.
Según Feijoó, para hacerlos legalmente viables, los subsidios se estructuraron como un crédito fiscal contra los impuestos federales. El dinero se toma de la tesorería de EE. UU. y se entrega a las aseguradoras en nombre del consumidor. Sin embargo, la elegibilidad está estrictamente ligada a los niveles de ingresos, dejando fuera a quienes ganan por encima o por debajo de los umbrales establecidos.
Existe una «brecha de cobertura» para los más pobres.
La ley de ObamaCare preveía que las personas por debajo del 138% del nivel de pobreza fueran cubiertas por Medicaid. Sin embargo, la expansión de Medicaid no fue obligatoria para los estados. En los estados que no la adoptaron, las personas que ganan por debajo del 100% del nivel de pobreza no califican para los subsidios de ObamaCare (que requieren un ingreso mínimo) ni para Medicaid, dejándolos sin opciones asequibles.
La «sanidad gratuita» no existe. Siempre hay un costo.

Para Tony Feijoó, el término «gratuito» es engañoso. Alguien siempre paga, ya sea a través de impuestos más altos o mediante otras fórmulas. En EE. UU., se estima que ofrecer un sistema universal «gratuito» requeriría un aumento impositivo muy significativo. Además, se argumenta que el sector privado ha gestionado eficientemente la salud en el país. El problema de los altos costos en EE. UU. no se atribuye a que el sistema sea privado, sino a problemas de salud pública como la obesidad, diabetes e hipertensión, derivados de estilos de vida. La única manera de reducir los costos a largo plazo es enfocarse en la prevención y en hábitos saludables, como chequeos anuales y dieta.
Subsidios Obamacare: El acceso universal debe ser un objetivo principal.
La mejora más importante sería garantizar que todas las personas en EE. UU. tengan acceso a la atención médica, independientemente de sus ingresos. Esto podría lograrse haciendo que los ciudadanos contribuyan con un porcentaje más bajo y justo de sus ingresos (por ejemplo, 2-3% en lugar del 9.65% actual que asume ObamaCare) a un sistema con seguros privados. Un aspecto negativo del sistema actual es que el precio del seguro determina la amplitud de la red de médicos y hospitales a la que se tiene acceso. Un seguro más caro ofrece más opciones, mientras que uno más barato limita el acceso, creando desigualdad.
Autora: Carmen Chamorro, directiva del CIP y ACPE/Diplomada en Relaciones Internacionales y Diplomacia Pública por la SEI
Redacción: Express News UK

