Las respuesta es Dios

En cierta ocasión tuve una charla con jóvenes en Sacramento, California (EE. UU.), una de las ciudades estadounidenses con mayor cantidad de inmigrantes latinoamericanos, principalmente mexicanos. Casi todos los jóvenes que asistieron a la reunión, aunque provenían de familias católicas practicantes, se mostraban dubitativos en su fe en Dios.

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La fe en Dios requiere no sólo preguntas sino iniciativas. Para Dios la fe y la humildad de corazón son muy importantes: “Creo en ti y te acepto con total convicción de que enviaste a tu hijo Jesucristo, el maestro de la misericordia a salvarnos”. Esto es una declaración de fe y confianza, pero sobre todo, de obediente dependencia en Dios y Jesús, que ha muerto y resucitado. Solo Él puede ser tenido como único mediador entre nosotros y Dios.

A través de la fe, que es el fruto que Dios nos da, podemos encontrar la felicidad y la salvación. La fe no ha de ser ciega; no debemos creer meramente en algo, sino en alguien: en Dios y su promesa ilimitada de amor incondicional y salvación. ¿Es posible perder la fe en algún momento, padre Camilo? preguntó un chico de unos dieciocho años. Hay que entender que la fe no es como estar aislados en el atalaya de un castillo. No es en lo absoluto aislarse intelectualmente, en algunas cosas abstrusas de la teología, que resultan complejas.

Tenemos que apegarnos al plan de salvación de Dios para con nosotros. Eso es el amor de Dios: una entrega incondicional que acepta la salvación por Cristo Jesús. Es como el amor. Es la total y voluntaria decisión para ser envuelto enteramente y entregarse, como se hace con otra persona cuando existe una relación amorosa.

Así pues, la fe se constituye en un puente fundamental que nos lleva a la fuente de gracia, y desde la cual podemos ver el castigo como algo lejano de nosotros, un abismo en que vemos los pecados que nos fueron perdonados y ahora, nos dirigimos a estar en paz con Dios. Sólo la fe en sí misma nos salva. San Pablo fue uno de los filósofos que más ha hecho hincapié en este sentido.

Él dice que no es en sí mismo, el cumplimiento de la ley sin objeciones, ni tampoco las obras de misericordia, las que nos salvan sino la propia fe por sí sola, al perdonar y vivir como el maestro Jesucristo de la misericordia, estamos viviendo en fe. La fe nos salva de volver a caer en el odio, que es el alimento de Satanás. En la fe nos quitamos la cadena, el grillete que nos ata a Satanás y estamos en paz con Dios.

En aquellos días que duró mi estadía en esa ciudad de Estados Unidos, el Creador del universo realizó grandes milagros sobre todo de conversiones y de activación de la fe, que mueve montañas en la gran mayoría de estos jóvenes, ya que salieron dispuestos a vivir diferentes a todo el mundo, con la certeza de ser amados por Jesús de la Misericordia. Muchos de estos chicos fueron liberados de espíritus de sexo, drogas, pornografía y alcohol.

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Yo solo puedo dar testimonio de lo que he visto y oído, solo puedo creer que Dios tiene el poder de cambiar nuestra vida, si le dejamos ingresar. Dios es amor. Grandes prodigios y milagros tiene Dios para tu vida, sólo abre tu mente y tu energía a una nueva vibración y sabrás lo que son los milagros, además, podrás crear tu propio universo en la medida que avanzas. Nunca olvides dar gracias a Dios por los regalos de fe, salud y gracias que da a tu vida. Hecho está.

Autor: Camilo Cardozo

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