Tambalea uno de los últimos bastiones de la derecha en América Latina

Después de 17 días de intensas protestas, manifestaciones y violencia por las principales carreteras ecuatorianas y calles de Quito, el gobierno y las fuerzas sociales indígenas y campesinas de Ecuador, que se alzaron contra las determinaciones del ejecutivo, se sentaron a la mesa para negociar y poner fin a un paro que dejó seis muertos, uno de ellos militar; más de 500 heridos entre manifestantes y agentes del orden público, y millonarias pérdidas económicas.
Esta situación no es nueva en la nación latinoamericana, ya en otras ocasiones la población -de mayoría indígena- se ha alzado contra el ejecutivo, hasta las últimas consecuencias, logrando conquistar objetivos sociales y económicos. En esta ocasión, la templanza del pueblo logró acuerdos en aspectos como la disminución del precio de la gasolina y el diésel, la expansión de la extracción de recursos y un aumento en los plazos de las deudas con los bancos, entre otros asuntos.

Al tiempo que se desarrollaba el paro, el presidente Guillermo Lasso afrontaba un proceso en el congreso que busca la revocatoria de su mandato, bajo la causal de “grave crisis política y conmoción interna”, originada por el momento crítico por el que atraviesa el país. Aun así, la propuesta de la oposición no prosperó y el caso fue archivado, pero analistas especializados indican que esa determinación podría cambiar, pues los problemas internos de gobernabilidad van más allá de pugnas políticas, trascienden a los ciudadanos.

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Todo este complejo panorama es en gran medida, el resultado de un escenario político y social de décadas, que ha desgastado las instituciones y cambiado el pensamiento de los ciudadanos, llevándolos de gobiernos derechista o ultraderechistas a cambios radicales de pensamiento y orientación, eligiendo mandatarios de izquierda con posiciones de relevo, no solo generacionales sino de ideologías antagónicas.

INTERTÍTULO
¿Qué está pasando en los países del continente?
Los expertos sostienen que para hacer una lectura aterrizada de los cambios contemporáneos, es necesario analizar aspectos como la formación poblacional, en particular de Ecuador, cuya conformación racial es diferente a la de sus vecinos.
En el caso específico de la nación suramericana, ésta alberga a pueblos indígenas no homogéneos. Se reconocen 14 naciones y 18 pueblos indígenas y el total de su población es considerada indígena, oscilando del 7 % que arrojó el censo del 2010 hasta el 45 %, estadística que maneja la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).
Ahora bien, miremos desde el punto de vista geopolítico cómo se pinta el mapa de la región. Hoy por hoy, la mayoría de los países están gobernados por mandatarios de izquierda. Del centro al sur encontramos a México, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Cuba, Panamá, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina, Chile y en Colombia, la reciente elección de Gustavo Petro, a lo que también, se podría prever el regreso al poder de Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil.
Así las cosas, el compromiso y la postura de estos pueblos cuyo discurso es combatir la pobreza y la corrupción en la región más desigual del mundo, y dar protagonismo a sectores históricamente marginados, ha llevado al frente de los designios de estas naciones a líderes izquierdistas, quienes con diferentes perfiles y resultados, han alcanzado los primeros escaños en elecciones populares libres, con casos excepcionales como el de Venezuela, donde desde hace décadas el gobierno es antidemocrático.
La ecuación es congruente: las seis economías más grandes de la región, desde Rio Grande hasta Tierra de Fuego están gobernadas por la izquierda, lo que sin duda, repercute en un manejo interno de los países y en el desarrollo de estos pueblos, pero además, en la imagen y competencia diplomática y de gobernabilidad, con las que son vistos desde el resto del mundo.
De esta forma, para completar el mapa solo quedarían escasos gobiernos conservadores en Paraguay (Mario Abdo Benítez), Uruguay (Luis Lacalle Pou) y el mismo Ecuador (Guillermo Lasso).
Además, para entender estos cambios es oportuno considerar que hace dos décadas, la región disfrutaba del boom de los ‘commodities’ y una fuerte subida del precio de las materias primas, que permitió financiar políticas de gasto expansivas, un sendero muy diferente al actual, que está caracterizado por una fuerte caída en el ritmo de crecimiento del hemisferio, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sitúa en un magro de 2,1 por ciento para este año.
RECUADRO

Negociaciones en medio de la tensión

El gobierno de Ecuador y los líderes de grupos indígenas alcanzaron un acuerdo el jueves pasado poniendo fin al paro que han liderado estos últimos al protestar contra las medidas económicas del presidente Guillermo Lasso. Las protestas que se llevaron a cabo por más de dos semanas, bloquearon rutas y afectaron el comercio en un país con una economía debilitada por la pandemia.

Las manifestaciones estuvieron lideradas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), comenzando el lunes 13 de junio y terminando el 30 del mismo mes, con un saldo que golpea la economía y desestabiliza al gobierno.

Y es que a parte de los problemas por la desigualdad social, a la crisis que viven los ecuatorianos se sumó el alza de los combustibles, coletazo de la guerra en Ucrania, lo que afecta la movilidad y el desarrollo de las industrias, y además, la presión social se agrava con la deuda externa y las medidas que impulsa el Fondo Monetario Internacional (FMI), aspectos que vienen incluso, desde antes del gobierno del expresidente Lenin Moreno, arrastrando a la nación a una encrucijada que podría ser irresoluble.

Protagonistas de las acciones de paro y las protestas fueron, como en otras ocasiones, las organizaciones indígenas que se desplazaron multitudinarias desde las provincias hacia la capital, agrupadas en su mayoría en Conaie, considerada vocera del movimiento, en cabeza de su líder Leonidas Iza, quien insistió en un ‘pliego de peticiones’, que la Confederación planteó desde que iniciaron las manifestaciones.

Entre los puntos acordados por ambas partes, el gobierno acordó una rebaja de 15 centavos de dólar por galón para los combustibles subsidiados. Los grupos indígenas demandaban originalmente una reducción de 40 centavos. El acuerdo también incluyó el compromiso del legislativo de derogar un decreto que promovía la actividad petrolera en la Amazonía y frenar las concesiones mineras en áreas naturales protegidas, zonas intangibles, áreas de recarga hídrica y territorios ancestrales de los pueblos indígenas.

El presidente declaró igualmente, un estado de emergencia para el sistema de salud pública, y prometió duplicar el presupuesto de la educación intercultural para las comunidades indígenas. Días antes, el gobierno de Lasso había anunciado otros alivios económicos, como aumento de subsidios mensuales para las familias más pobres y condonación de deudas.

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